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    2019-05-13

    Esta institucionalización penetró en la sociedad, por lo que sus integrantes fueron apartándose de las prácticas políticas que pudiesen identificarlos como comunistas. En la etapa posdemocrática, el uso de palabras como filocomunistas o pro-comunistas, convivió con la instauración de los gobiernos en turno y sobrevivieron hasta la siguiente década. A principios de los años sesenta, el proceso de la Revolución cubana llevó THZ1 Hydrochloride Supplier asociar los términos de la política internacional y se acuñaron términos como: castro-comunistas, castristas o camaradas. Con la profesionalización de los aparatos represivos en materia contrainsurgente, se conceptualizaron éstos. En los años setenta fue ampliamente utilizado el término “subversivo” y el uso generalizado del concepto de “terrorismo” se magnificó. En el Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala (ahpn) existe un libro que llevaba el registro de las Novedades, terrorismo y subversión. A la par de las instituciones, los comunicados de los escuadrones de la muerte y los medios de información sobredimensionaron el uso de estos términos, los cuales se arraigaron, a través de la prensa y la propaganda oficial, en la cotidianidad de la población guatemalteca junto a términos como: rebeldes, facciosos, rojos o rojillos. Aún más, el desconocimiento del proceso político y el enfrentamiento ideológico popularizaron otros más burdos, como lo señala Manolo, miembro del pgt-pc, y que denotan la ignorancia del proceso político y el enfrentamiento ideológico de quienes hacían uso de ellos: La definición de los distintos grupos se caracterizó, entonces, a través de un mote o sobrenombre, utilizado desde la comunicación codificada hasta la jerga revolucionaria que incluía el gesto de denigrar a las otras organizaciones por la postura que tenían respecto a la guerra. Ejemplo de ello fue la manera en que se referían a los miembros del Ejército Guerrillero de los Pobres (egp), al utilizar el sobrenombre de egipcios, por la similitud onomatopéyica de sus siglas; a Abundant mRNA los militantes de las Fuerzas Armadas Rebeldes (far), en la que también se usaron sus siglas y los designaron como farmacéuticos; para la Organización del Pueblo en Armas (orpa), se les nombraba los orpianos, aunque también acuñaron un término peyorativo más explícito, de acuerdo al uso de un guatemaltequismo; se les llamó músicos —tontos—, o por alusión a su propio escudo, los del cerrito. Para los militantes de la comil se destacó la característica que los acompañó desde su conformación como Comisión Militar del pgt. Si bien, a inicios de los años sesenta fracasó el intento de desarrollar dicha comisión a cargo de Joaquín Noval —Juan Ché—, la cual era conocida como la Comilona, fue hasta 1976 que se reorganizó como tal. El sentido militar de la misma, y las acciones que fueron desarrolladas a través de ella derivaron en la ruptura con el Comité Central (cc) del pgt en 1978, hechos que narraremos más adelante, y que les dieron el sobrenombre con el que se les caracterizó y los acompañó, como lo expresa Manolo: La palabra con la que se identificó a los militantes de la comil fue chingamuceros, con la misma connotación despectiva que tuvo la de tiratiros, ambas expresan la supeditación de la acción política a la acción violenta armada. La definición de ésta nos ayuda a determinar la identidad con la que nació el pgt-pc, como una característica asumida por muchos de sus miembros y ampliamente reconocida por las otras organizaciones. El término chingamusa deriva de chinga, que es definido en Voces de Guatemala por Carlos López, quien como militante del pgt-Núcleo, aprovecha la explicación del guatemaltequismo para enfrentar verbalmente a la comandancia de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (urng): Asimismo, la palabra proviene de la degeneración del término en lengua inglesa de machine gun, derivando en chingamusa y al portador de la misma, chingamucero, con un sentido de belicoso, violento y explosivo.