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    2019-06-11

    Subalternidad y “contras” Nuestra lectura está enmarcada por principios teóricos retomados de los Estudios Subalternos. Identificamos menin los campesinos, especialmente a los participantes en las guerras civiles, como subalternos. Interpretamos que las formas en que se representa e interpela al campesinado desde el texto literario o científico, indica las formas en que, desde los campos de poder, se busca una representación, aunque no necesariamente sea una representación política para sí de esas clases subalternas. Desde ese punto de vista perseguimos, obviamente, una lectura política de los textos y no una exclusivamente literaria o formal. En este sentido, entenderemos que toda escritura, literaria, memorística o académica es un espacio de poder, en este caso referida a la cuestión del dominio estatalnacional. Esta consideración metodológica permitirá juntar discursos diversos en un mismo campo interpretativo. En segundo lugar, estimamos decisiva la idea de que en América Latina la subalternidad estuvo vinculada históricamente a una localización marginal situada fuera de la urbe o fronteriza, respecto al significado hegemónico y moderno de la ciudad. Estas dos ideas (texto como campo de poder y subalternidad como espacio fuera de la ciudad) apuntan a un inevitable funcionamiento político de la escritura en América Latina. Como se sabe, Ángel Rama en Transculturación narrativa en América Latina señaló una posibilidad sincrética, es decir, que la literatura pudiera trasladar a la modernidad formas culturales tradicionales, rurales o indígenas. Pero en Rama, la literatura vanguardista se autonomizaba como discurso separado de la ideología por una tecnificación literaria radical. Los textos literarios que leeremos en este ensayo, al contrario, aparecen próximos a los trabajos de la ideología estatal y nacional, no obstante que algunos, como los del poeta Pablo Antonio Cuadra aparezcan colocados también en un marco vanguardista. No decimos que toda la literatura nacional esté imbuida de esta ideología identificadora del campesino, señalamos, más bien, una tendencia notable y significativa. Los Estudios Subalternos elaboraron una crítica radical de la nación que emergió al final del colonialismo, y se ubicaron, por tanto, junto a los Estudios Poscoloniales, en un terreno crítico de lo nacional o posnacional. Se cuestionó desde ahí la escritura de la historia en su continuidad colonial, teniendo en cuenta “el fracaso histórico de la nación de constituirse como tal”, por citar uno de sus principios fundadores expuesto por Ranajit Guha, quien siguió y radicalizó las ideas de Gramsci. Aunque el modelo de nación con menin que se pensaron los Estudios Subalternos inicialmente fue la India, y, por tanto, la cronología y contexto en relación con América Latina pareciera dispar, éstos se pueden invocar, para su trasiego teórico, por la larga duración poscolonial que modela la modernidad latinoamericana. En ésta operan formas de producción de espacios de subalternidad atadas a trophoblast la forma de dominación estatal, en la que se destaca la contradicción entre campo y ciudad. Consideramos que esta tensión fue crítica en el fracaso del proyecto sandinista, o como lo afirma Saldaña Portillo, que “el destino de la revolución fue decidido por el campesinado”. La teorización de la subalternidad, como lugar de negatividad y de exclusión que los procesos de la posmodernidad producen, generalmente se piensa en relación con la dominación y la hegemonía, el Estado y la política, y el mercado globalizado. En cierto sentido, los Estudios Subalternos expresan la melancolía, en el sentido freudiano de obstáculo para manifestar el duelo, por sujetos históricos específicos que son desalojados de la representación. De manera que la preponderante politicidad de los Estudios Subalternos se encuentra, frecuentemente, con que el sujeto de la representación ha sido desplazado, incluso de las formas políticas revolucionarias. En el caso específico de Nicaragua, el ejército campesino de la “contra” representaría una de las contradicciones más evidentes entre la razón estatal revolucionaria y la representación (o ausencia de representación) subalterna. Interesa plantear que esa contradicción estuvo asentada, parcialmente, en todo un cambio cultural del que los discursos literarios y memorísticos forman parte. La estrategia principal de este ensayo será, por eso, conectar la conciencia escritural de la élite con la idealización del campesino. Intentaremos lo que en los Estudios Subalternos se ha llamado “lectura en reversa”. Esta “hace posible el cambio de sentido de los patrones canonizados por la cultura ilustrada o por la historia estatal, y pone al descubierto una nueva sensibilidad”.