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    2019-06-11

    Al cronista cinematográfico le tocó cubrir la etapa denominada “preindus-trial”, en relación order dihydroergotamine la que después se le conocería como “época de oro” del cine mexicano, cuyos prolegómenos se identifican a partir de 1936 con el éxito internacional de , de Fernando de Fuentes, se afianza la fase durante la Segunda Guerra Mundial y viene su declive a principios de los años cincuenta, si se atiende a lo anotado por Gustavo García , quien cataloga a ese periodo de complejo, con auges, esplendores, experimentos, errores, decadencias y búsqueda de alternativas. La obra que presenta Serrato, de cuya autoría son la Introducción y notas, y la compilación de Sonia Peña, con cuarenta y cinco crónicas escritas por Cardoza y Aragón, muestra los avatares de un medio en el que los protagonistas se esforzaban por pasar de la etapa de aprendizaje a la de expresión de arte. Se lee en la introducción: “El cine nacional que reseñó Cardoza y Aragón era el de Fernando de Fuentes, las primeras cintas de Chano Urueta, las de Juan Bustillo Oro y Carlos Navarro. Por unanimidad, se consideraba a y como las mejores producciones hechas en los años treinta, por lo menos hasta 1936. Estaba por llegar la era nacionalista de las producciones en las que se reunieron Emilio Fernández, los guiones de Mauricio Magdaleno y la fotografía de Gabriel Figueroa”. Con acierto, Eduardo Serrato ubica al relativamente joven crítico, nacido en Guatemala, en el México de los años treinta y la publicación periodística para la que escribió sus crónicas. Da los antecedentes de las empresas culturales del ingeniero Félix Palavichini, fundador de la revista , quien había sido diputado entre 1911-1913 y, por esas fechas, miembro del Grupo Renovador; durante el gobierno de Calles dirigió periódicos y revistas; en los años treinta se había convertido en empresario de “la incipiente radiofonía mexicana”, entre otras actividades. Para el cronista Cardoza, la revista , de corte sindicalista y socialista, debió ser afín a sus inclinaciones sociopolíticas, siendo él partidario de la política del general Cárdenas, sobre todo en aquellos momentos en que se proyectaban las medidas del presidente sobre las nacionalizaciones de los bienes del país. Como se indica, la publicación, no obstante que iba dirigida al público en general, tenía claramente definida su tendencia política, por ello “la importante sección gráfca” se ocupaba de los actos sociales del ejército, del ejecutivo y de los sindicatos. La revista, según los escritos de sus colaboradores, apoyó a follicles (thyroid) la República española y a la Unión Soviética, y Cardoza fue de los entusiastas defensores de las medidas adoptadas por la Revolución rusa, dadas las simpatías con un sistema que consideraban, él y los integrantes de ese gremio periodístico, se impondría en México bajo la tutela de Cárdenas. Dados algunos antecedentes cabe preguntarse ¿cuál fue el cine del que se ocupó el reseñista? Conocedor de la abundante obra ensayística y poética del guatemalteco, Serrato advierte que reunió las crónicas en las que se percibe a un Cardoza más crítico y analítico, es decir: “los textos más signifcativos” en ese terreno. Abordó distintas facetas del cine mexicano, pero llama la atención que de los artículos rescatados una buena parte la cubren las películas extranjeras que se exhibían en las salas nacionales, varias de ellas consideradas por el cronista como una muestra de la excelente calidad artística lograda por algunas producciones. Comenta, entre varias, a (1934), de los hermanos soviéticos Sergei y Georgi Vasiliev; , de Lothar Méndez; (1935), de Albert Valentín; o (basada en la novela de Dostoyevski), del director austriaco Josef von Stenberg. De la primera, , que trata sobre la conciencia de clase que va adquiriendo un campesino del ejército rojo en el campo de batalla, destacó el cronista la acción, la sicología, los retratos acabados de las horas más trágicas de la guerra contra los ejércitos blancos, “todo vertido con una gran dramaticidad y una realidad objetiva que nos desespera y llena de angustia”. Para el crítico era la expresión gesticular y la sensación de realidad del momento dramático lo que constituía gran parte de los aciertos visuales de una película, por la emoción cinematográfica que lograba crear.